Reflexiones acerca del rol de las mujeres en la historia

A la hora de reclamar y hacer vigente nuestros derechos las mujeres nos enfrentamos a una serie de objeciones, todas vinculadas a nuestra historia. Por lo tanto, la primera tarea que nos queda por hacer es descubrir la historia de las mujeres. ¿Será que hombres y mujeres tenemos procesos históricos distintos? ¿Cómo es posible esto si siempre se nos ha hablado acerca de la historia de la humanidad? Pues bien: la historia no ha sido escrita tal y como ocurrió. Las mujeres nos quedamos fuera de la historia oficial, es decir, no se nos consideró como protagonistas de la historia. Has escuchado cosas como: el hombre y la ciencia, el hombre descubrió, el hombre inventó, el hombre…para que seguir. Repasemos la historia de Panamá. ¿Cuántas mujeres aparecen como protagonistas en la nuestra historia? Tal vez una que cosió la bandera… y ninguna otra. Revise los libros de textos de sus hijos e hijas. ¿Cuántas mujeres sobresalen en esos libros? ¿Qué oficios realizan en esas figuras donde aparecen? Ahora recuerdo aquellas frases favoritas de mis maestras de primaria: “Mamá cose la ropa”, “Mamá mima a papá”, Papá lee el periódico”, “Papá maneja el auto”, etc.

Tratar de cambiar una sociedad que guarda en su seno tantas desigualdades e injusticias no es tarea fácil. En eso llevamos siglos de luchas. Pero tratar de cambiar, patrones culturales, normas sociales, conductas sociales, y tratar de cambiar la historia (de las mujeres), pues es algo más complejo. Nos enfrentamos como ya dije a la historia universalmente escrita, establecida y difundida; nos enfrentamos a un sistema educativo que ha formado millones de conciencias; nos enfrentamos a una iglesia (católica) que ha consagrado la inferioridad de las mujeres; y nos enfrentamos con nosotros/as mismas que hemos sido social y culturalmente deformados y nos resistimos a cambiar.

Lo primero que nos dicen quienes adversan las aspiraciones de las mujeres por lograr la equidad en la sociedad es que “la historia siempre ha sido así”, “las mujeres han vivido así toda la vida”, etc. Por lo tanto, no hay nada que cambiar.

Algunas autoras feministas se han dado a la tarea de recuperar la historia de las mujeres, es decir, a recuperar los hechos históricos del desarrollo de la humanidad. Alexandra Kollontai (1872-1952) quien nació en la ciudad rusa de San Petersburgo y asistió a las tres primeras conferencias internacionales de mujeres socialistas, en 1907, 1910 y 1915 dedicó grandes esfuerzos por aportar a la lucha de la liberación de las mujeres a través de su obra Mujer, historia y sociedad editada por primera vez en 1978.

La primera afirmación que hace Kollontai en su obra es que tan pronto como nos hayamos enterado de las condiciones de vida tal y como existían hace varios miles de años, no tardaremos en darnos cuenta que la ausencia de derechos de la mujer con relación al hombre, de que su sumisión de esclava no ha existido desde siempre. Ella dice que “hubo periodos en los que el hombre y la mujer tuvieron derechos absolutamente iguales. Hubo incluso periodos en los que el hombre, en cierta medida, le atribuía a la mujer una posición dirigente”. La autora desmiente aquella tesis de que la situación de subordinación de la mujer se explica debido a su naturaleza femenina, que no es producto de una cualidad natural la situación de dependencia de la mujer, y que más bien este hecho tiene sus explicaciones en “el carácter del trabajo que les fue atribuido en una sociedad dada”. Kollontai dice que “algunos creen que la mujer, en aquellos tiempos remotos en que la humanidad estaba sumida en la barbarie, estaba en una situación aún peor que la de hoy, que llevaba casi una vida de esclava. Lo cual es falso. Sería erróneo creer que la liberación de la mujer depende del desarrollo de la cultura y de la ciencia, que la libertad de las mujeres depende de la civilización de un pueblo. Solamente representantes de la ciencia burguesa pueden afirmar tales cosas”.

La situación de la mujer es siempre una consecuencia del tipo de trabajo que realiza en un momento preciso de la evolución de un sistema económico particular. En la época del comunismo primitivo, nos recuerda Kollontai, “en un periodo, pues, tan remoto que nos es difícil imaginarlo, en que la propiedad privada era desconocida y en que los hombres erraban por pequeños grupos, no había ninguna diferencia entre la situación del hombre y de la mujer. Los hombres se alimentaban con productos de la caza y de la recolecta. En el transcurso del desarrollo de los hombres primitivos, hace de eso varias decenas, mejor dicho, varios centenares de miles de años, los deberes y las tareas del hombre y de la mujer eran sensiblemente los mismos”. Inclusive las investigaciones realizadas por algunas antropólogas dan muestras que, en los comienzos del desarrollo de la humanidad, cuando las actividades básicas eran la recolecta y la caza, no había casi diferencias entre las cualidades corporales de hombres y mujeres, no existía dependencia de la mujer con relación al hombre, ni derechos distintos, pues en aquel tiempo no existía la ley, ni el derecho, ni la propiedad privada, por supuesto. Según Kollontai “la mujer no dependía unilateralmente del hombre, ya que la tribu tomaba todas las decisiones. Quienquiera que se negara a las decisiones de la colectividad perecía, moría de hambre o era devorado por los animales”. En una vida de colectividad, la supervivencia de la tribu dependía de la cohesión, la unidad y la solidaridad, es decir, allí no había cabida para la subordinación de nadie.

Los grandes aportes de Kollontai y muchas otras autoras dedicadas a esta tarea, echan por tierra aquello de que “las mujeres siempre hemos vivido así”, “la historia de la humanidad es así y no se puede cambiar”, “es natural que las mujeres vivamos así”.

Dediquemos, pues, nuestros esfuerzos a escudriñar la historia, esa historia que nos desconoce como seres sociales con identidad propia y ayudemos a otras a descubrirse. 

Nicolasa Terreros Barrios

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